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Producto Mínimo Viable: la base de un negocio innovador

Recurso artículo | Emprendimiento Digital | 4 minutos de lectura


Ángel Cavada Castellanos
Director

Producto minimo viable

En 1937 los hermanos McDonald abrieron un puesto de perritos calientes. En el 40, un restaurante de comida “barbacoa”. Hacia 1948 se decidieron por las hamburguesas y crearon un sistema de servicio rápido muy eficaz, y en 1955 Ray Croc fundó McDonalds Systems Inc. para lanzar un nuevo tipo de negocio: la franquicia.

Cuando unos informáticos emprendedores se propusieron crear un negocio ofreciendo a empresas y particulares la posibilidad de compartir sus contenidos a través de internet grabaron un vídeo interactivo lo más parecido posible al comportamiento de una aplicación y lo pusieron en una web invitando a conocer la nueva herramienta. Los interesados debían dejar sus datos para darles acceso más adelante. El resultado indicó que a la gente estaba dispuesta, entonces desarrollaron Dropbox.
Para poner en marcha la idea de un dispositivo computador para uso personal, Steve Jobs no buscó inversores para crear una oficina de diseño y construir una fábrica. Con los recursos esenciales y los componentes disponibles creó un modelo muy básico e intentó la comercialización de las primeras decenas de aparatos. La respuesta positiva de los usuarios en términos de compra y uso fue el primer paso hacia Apple.
La creación y comercialización de productos que responden a las ideas básicas de un negocio con el fin de comprobar si funcionan e ir desarrollándolo es una práctica extendida desde los inicios de la economía de mercado. Es de sentido común. Partimos de estas convicciones:

  • Una idea de negocio innovadora es una hipótesis, suponemos que va a tener aceptación por el mercado y que es posible crear un modelo rentable, pero no está demostrado.
  • La forma de validar una idea de negocio es la misma que utilizan los científicos para demostrar, descartar o desarrollar sus hipótesis: diseñar experimentos, medir los resultados y aprender de ellos tomando las decisiones adecuadas.
  • Lo único que valida un producto es la reacción de los potenciales clientes en una situación real de adquisición del producto: lo compran o no, lo instalan o no, lo usan o no,…
  • Aunque la idea de negocio fuera acertada, es muy difícil que se diseñe un producto perfecto a la primera, que encaje exactamente en las expectativas de los clientes. Sólo se consigue probando y aprendiendo de ellos.

Entonces basta con que el producto tenga los componentes básicos para validar el negocio de nuestra idea de solución a las necesidades de los clientes y facilitar su comercialización, permitir que realicemos pruebas en condiciones reales y aportarnos datos sobre su comportamiento. Lo llamamos Producto Mínimo Viable (PMV). Partir de un PMV nos permite:

  • Equivocarnos lo antes posible, con el menor despilfarro de recursos.
  • Acercarnos con mucha mayor eficacia al producto adecuado y al modelo viable.

Aunque los PMVs se aplican en todos los negocios, la irrupción de los digitales ha ampliado considerablemente su alcance y efectividad. Las tecnologías digitales permiten crear con facilidad productos con las funcionalidades básicas y ponerlos a disposición del mercado, obtener todos los datos necesarios sobre el comportamiento de los clientes y modificarlos con agilidad para seguir aprendiendo.
Hay muchas formas de crear un PMV. En los negocios digitales los más comunes son: el desarrollo de aplicaciones con una funcionalidad básica, restringida a comprobar una hipótesis del negocio o a optimizar un proceso (como es el caso del embudo de conversión), la realización off line de las funciones que luego se desarrollarán en el entorno digital, y la utilización de vídeos, mockups y similares.
El PMV es un elemento decisivo en la validación de un negocio innovador. No he conocido ningún negocio de éxito que no parta de él, y he visto fracasar decenas de proyectos por intentarlo directamente con el producto definitivo. Lo contradictorio es que hoy se presenten muchos proyectos en los que el promotor se ha gastado decenas de miles de euros en desarrollar el producto sin saber si tendrá aceptación y si se puede generar un negocio con él.
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