proceso de innovacion

Acometer un correcto desarrollo de generación y construcción de una idea innovadora no es una tarea fácil. Saber si vamos por el camino correcto es lo más complicado, evitando perder el foco o dar rodeos, mermando la capacidad de avanzar. En esa complicada aventura, aplicar un correcto proceso de innovación y ser consciente del mismo nos ayuda a minimizar el fracaso.

Cuando genero un momento de confianza en el entorno de una gran compañía, o bien me encuentro mentorizando a un emprendedor, siempre emerge la pregunta clave: ¿mi idea es buena o mala? Es decir: quieren conocer mi opinión personal sobre si su idea es innovadora o no.

Si te haces la misma pregunta, lamento comentarte, querido lector, que el bien y el mal están sobrevalorados. No existen buenas o malas ideas: existen ideas coherentes con nuestro objetivo, con nuestro usuario, con nuestro negocio… La coherencia entre el punto de partida, el aprendizaje desarrollado y la solución finalizada han de ser fluidas y entendibles desde un primer momento. Todo ello posibilita un correcto proceso de innovación. Un proceso que nos dota de argumentación y reflexión, nunca de la verdad universal, ya que si lo que buscas es seguridad, ningún proceso podrá otorgarte el éxito asegurado.





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Todo proceso de innovación puede ayudarte y guiarte en el camino con objeto de que abordes los hitos necesarios para alcanzar tu meta, o bien guiarte para tomar la decisión de  desestimar avanzar en el camino ante ciertos resultados posibles. Esa es la mayor virtud de aplicar un proceso de innovación correctamente: ser consciente de cada paso realizado.

Llegados a este punto, seguro que en tu cabeza rondará una duda: ¿cuál es el proceso de innovación perfecto y definitivo? Lamentablemente no existe y cada día emergen nuevas teorías, prácticas y metodologías… de ahí el caos cuando definimos qué es innovación, cómo desarrollarla, y demás cuestiones básicas al respecto. ¿A qué se debe tanta posibilidad? A que estamos hablando de la propia libertad del individuo, unida a la correcta definición de la complejidad y naturaleza del problema en su fase inicial.

Dicho esto, entendámoslo mejor con un símil: la organización de un viaje. Toda organización de un viaje pasa por diferentes pasos desde la inspiración a la decisión final y su posterior preparación para la puesta en marcha. Si bien podemos ante esta lupa entender que todos los viajes son iguales y su organización igual, sabemos de forma cierta que esto no es así:

Trasladando estos escenarios al entorno de la innovación, sucede algo semejante. Esto ocasiona que sea bastante indeterminado el disponer de un proceso claro y estructurado al detalle, estableciendo un cierto carácter difuso al mismo. No obstante, cuando entendemos la innovación, al igual que el proceso de organizar un viaje, sí que podemos establecer etapas con hitos y metas a desarrollar. Éstas nos permiten disponer de puntos de control sobre los que determinar el avance o no del proyecto: desarrollar una idea innovadora es semejante a hacer un rally.

Tangibilizando el proceso de innovación desde un enfoque de cliente en un contexto como el actual encontramos 3 macro etapas:

Entendida la tangibilización de un proceso de innovación básico, te animo a profundizar en cada fase dependiendo de tu propio trabajo en el dia a dia, o en el estado de tu proyecto en la actualidad. Sin duda el mismo caerá por su propio peso en una de estas etapas, y la cuestión fundamental es conocer si has hecho bien las anteriores.

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