monitorizar redes sociales

La información que publicamos en redes sociales es una parte importante de nuestra vida personal. Nuestros gustos trascienden a nuestra presencia en la red, conviviendo entre los impulsos de publicar y la tendencia de monitorizar redes sociales.

Nuestra vida digital conforma, cada vez más, una parte significativa de nuestras relaciones sociales y de nuestra manera de informarnos y opinar. De hecho, según un reciente estudio del Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información, el número de ordenadores presentes en los hogares españoles supera por primera vez el número de televisiones. El 84,9% de los hogares ya tienen un ordenador frente al 84,3% que tienen una televisión. ¿Imaginas toda la información que obtiene una empresa al monitorizar redes sociales y el conjunto de webs que visitamos?





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Sin embargo, la adjetivación de “digital” no tiene por qué ir ligada a una dimensión necesariamente privada o personal. Todavía no somos conscientes de las consecuencias que conlleva la ligereza con la que compartimos en la red aspectos personales de nuestra vida privada. Las opiniones, fotografías o datos que pública y voluntariamente difundimos quedarán expuestos indefinidamente en un ámbito en el que las herramientas para monitorizar redes sociales hacen cada vez mejor su trabajo.

Las herramientas que tiene un usuario para rectificar o eliminar un contenido en la red son mucho menos eficientes que en el mundo real. Esto es fruto de la diversidad de los marcos legislativos aplicables y de las distintas sensibilidades en materia de protección de datos. Son muchos los que, recurriendo al borrado de la publicación, tenían la esperanza de contener la propagación del mensaje controvertido en cuestión, pero que han visto las dificultades que todo ello implica.

En este sentido, las mismas herramientas que nos permiten encontrar los contenidos de nuestro interés en la red son las que en este caso dificultan nuestra propia privacidad. Las versiones cacheadas de las páginas que almacenan los buscadores, las bibliotecas de archivado de contenidos como archive.org o la contumaz persistencia de los usuarios a la hora de insistir en re-publicar los contenidos dan forma a un problema que traspasa fronteras.

Por ejemplo, a finales de 2016, se aprobó la nueva solicitud de información durante la solicitud del ESTA (Sistema Electrónico para Autorización de Viaje) de entrada a EE.UU. Dicha solicitud incluye una pregunta, de momento opcional, relativa a los nombres de usuario utilizados por el solicitante de visado.

Pese a los esfuerzos europeos para dar cobertura legal a esta necesidad con el desarrollo de la legislación en materia de derecho al olvido, nuestra mejor arma como usuarios de la red sigue siendo la concienciación, no sólo hacia nosotros mismos, sino también hacia los demás. Hoy en día, nuestra presencia en la red puede quedar al descubierto incluso si somos precavidos a través de comentarios de amigos, compañeros o familiares.

Tenemos que asumir como nuestra la responsabilidad las consecuencias que puede tener lo que publicamos en la red, de la misma manera que lo hacemos en el mundo real. En un escenario en el que la viralización prima muchas veces sobre la verdad, la propagación de bulos es un problema que obliga a muchas organizaciones a prestar especial atención a la red para atajar el problema cuanto antes.

En cualquier caso, las reservas deberían ser todavía mayores cuando los contenidos publicados afectan a imágenes o datos de terceras personas o incluso menores. Para ello, también es necesario que combatamos el que muchas personas se sientan obligadas a dar explicaciones de más cuando no quieren aparecer en una foto y el hecho de que se identifique una acción tan personal como un gesto que roza la excentricidad. No podemos pasar por ahí y debemos respetarlo y entenderlo como una decisión personal. Más aún cuando, en realidad, está de sobra justificada a la vista de la gran cantidad de programas de seguimiento y para monitorizar redes sociales, así como los propios intereses que muchas organizaciones tienen en perfilar y modelar nuestros gustos.

Al fin y al cabo, puede que en pleno siglo XXI y con las redes sociales más vivas que nunca, siga siendo buen momento para citar a Mahatma Gandhi y recordar que “somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras”. Aunque sean en forma de tuit.

Un aspecto clave del trabajo de Félix Brezo y Yaiza Rubio, analistas de inteligencia en Elevenpaths, es la monitorización de las redes sociales. Si te gustaría seguir sus pasos a nivel profesional y quieres tener una formación multidisciplinar, echa un vistazo a nuestro Máster en Marketing Digital de ICEMD. Toda la información e inscripciones, aquí.





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