contenidos digitales

Contenidos Digitales: ¿De verdad existen?

Creo que no, o más bien, creo que deberíamos llamarlos Contenidos Difundidos en Plataformas y/o Soportes Digitales, y tampoco sería muy exacto, porque ahí también deberíamos de meter la infausta TDT, esa Televisión Digital Terrestre que nos vendieron como el no va más de la segmentación y que a día de hoy no es más que un sumadero/sumidero de GRPs.



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Tal vez lo que llamamos Contenidos Digitales no sean más que contenidos difundidos en Internet, o incluso, contenidos difundidos en Redes Sociales, porque aunque los colguemos en nuestro site o blog, somos esclavos de las redes para esa ansiada difusión y aún más anhelada viralización. Viralización para bien, a ser posible.

Porque los contenidos ni son digitales ni jamás lo serán, incluso si hablamos de películas creadas enteramente por ordenador, como fue la revolucionaria TOY STORY (Pixar, 1995) o esos personajes digitales que están sustituyendo a los reales en algunas películas. Los contenidos si algo son, es analógicos, porque hunden sus raíces en las historias, y estas son tan antiguas como el ser humano.

Contenidos eran los que pintaron algunos cazadores en las paredes de las cuevas vendiendo sus hazañas, contenidos eran también los que se pintaron al óleo y se esculpieron en piedra para mayor gloria, o venta, de Dios.

Venimos de las historias y a ellas volvemos en los tiempos del Algoritmo. A partir de aquí, lo que tenemos en nuestras manos son nuevas herramientas, nuevos canales digitales más “democráticos”, por baratos, no por otra cosa, que nos permiten llegar a nuestras audiencias sin la tiranía tarifaria de las cadenas de televisión, la prensa o la más humilde radio.

Eso es bueno.

Y malo.

Porque la democratización trae consigo la masificación. La masificación trae la saturación. La saturación hartazgo. Y el hartazgo irrelevancia.

Contenidos Digitales: ¿Cómo mejorarlos?

Ante eso no nos queda más que hacerlo mejor. Y ese hacerlo mejor pasa por crear contenido de calidad, relevante en fondo y forma, cuidado, con una estrategia de fondo y, sobre todo, creativo. Que subir un video a YouTube sea gratis, no quiere decir que ese vídeo tenga que ser “barato”. Es más, por qué no aprovechar el dinero que nos ahorramos en la difusión en mejorar la calidad del contenido.

Quizás en los primeros tiempos de YouTube valía cualquier vídeo cutre, hoy no. Y no hablo solo de vídeos, hablo de textos mimados, de imágenes cuidadas.

Y si no puedes producirlo, búscalo. Eso sí, no lo robes, porque que esté en internet no significa que sea gratis y que tú puedas cogerlo. Respeta el copyright pero, sobre todo, muévete en el mundo Creative Commons, busca imágenes, música o vídeos en plataformas como Jamendo, Unsplash o Videoblocks que, por una más que aceptable cuota anual te permite descargarte sin límite vídeos más que aceptables con los que trabajar.

Pero, por encima de todo, hablo de que tener algo que contar, que es lo realmente difícil. Muy pocas marcas son capaces de generar contenido, digital o no, suficiente e interesante para mantener el ritmo que exigen las voraces redes sociales.

¿Qué nos queda? Lo que se conoce como “content curation” traducido como curación de contenidos, aunque a mí me gusta más el concepto de filtrado. Acercar a tus seguidores información relevante para ellos en función de sus gustos, necesidades y, por supuesto, de tu posicionamiento.

Contenidos digitales: ¿Qué canales me convienen?

Después de esto, sí, entonces ya puedes buscar los canales adecuados para poder subir tus contenidos y que se conviertan en digitales. Podrás convertir tu storytelling en transmedia, utilizando cada plataforma para crear pequeños mundos de marca sincronizados entre sí, algo que solo podrás conseguir si te has trabajado un posicionamiento sólido.

Luego decidirás si vas a crear tus contenidos en vídeo, audio, en formato revista… y tendrás que saber que, por ejemplo en vídeo, tienes mucho que aprender del cine mudo de los primeros tiempos, de Chaplin, sus primeros planos, los formatos cuadrados, más parecidos a la forma de consumir vídeo actual que el cinemascope de los años 50.

Curiosamente, todos los televisores abundan en ese formato y a corto plazo puede producirse un choque interesante con la confluencia de pantallas. Tendrás que combinar YouTube, el de las audiencias masivas (recuerda lo de la democratización que hablábamos antes) con Vimeo, más elegante, con películas más cuidadas, ideal para incrustar en sitios web o blogs… y sin publicidad.

Deberás empezar a retransmitir tus eventos en directo, aprovechar las ventajas de streaming de Instagram, FB, Periscope… y desde hace poco, también YouTube.

¿Y qué decir de la fuerza de las palabras? El podcasting es un camino aún por explotar. La vieja radio ha cobrado nuevas fuerzas y se ha hecho a la carta. Y ahí tenemos un hueco las marcas, creando contenidos que se escuchen en el gimnasio, corriendo, en el coche (para algo tenía que servir el Bluetooth)… subiéndolas a plataformas como Ivoox o SoundCloud mientras recordamos que “la guerra de los mundos” asustó a todo un país solo con un micrófono. Y mucho talento.

Y cuando sobran las palabras, Spotify, qué gran oportunidad… que estamos perdiendo programando nuestras cuñas machaconas, esas mismas cuñas machaconas con las que saturamos las radios. Qué gran oportunidad de que nuestro seguidores sepan a qué suena nuestra marca. Si es indie, si es pop… listas a medida de lo que somos, de la época del año, de los acontecimientos.

Para terminar, las inmortales revistas ilustradas, más allá del newsletter:

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Como ves, si lo que quieres es crear contenidos digitales, lo de digitales lo tienes muy fácil.

Lo de contenidos te lo vas a tener que trabajar un poco más.

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