Actitudes profesionales

Trabajamos como vivimos en lugar del famoso axioma trabajamos para vivir, creo que esa sería la frase que deberíamos empezar a utilizar en pleno siglo XXI buscando un entorno adecuado que optimice la relación productividad laboral y tecnología.

Este fenómeno viene dado por el hecho de que por primera vez en la historia de la tecnología, los usuarios “se sienten” más capacitados tecnológicamente que las organizaciones. Y digo “se sienten” porque aunque sus capacidades a nivel de usuario están, en muchos casos, por encima de lo que ofrecen las organizaciones. Por lo general, existen lagunas de seguridad importantes asociadas al comportamiento del usuario más allá de sus aptitudes profesionales.





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La consumerización, el mayor cambio tecnológico de los últimos 35 años y una tormenta perfecta generacional, donde hasta 5 generaciones están compartiendo entorno laboral, ha provocado una auténtica revolución socio-tecnológica, influyendo de forma importante en la transformación digital de las organizaciones y, por extensión, ayudando a mejorar la productividad laboral gracias a la tecnología. Siendo uno de los grandes retos de las mismas la adaptación del puesto de trabajo a este entorno multigeneracional, ya que sin una visión unificada del puesto de trabajo será imposible, para la mayoría de los trabajadores, adaptarse la cultura corporativa y, por extensión, implementar una nueva estrategia. A fin de cuentas, como dice Drucker: “Cada mañana la cultura se desayuna la estrategia”.

Entendiendo que hay, al menos, cuatro premisas que cumplir en este nuevo puesto de trabajo como son:

Sin embargo, aunque el diseño de la solución y la elección tecnológica es importante, más importante es que su grado de usabilidad sea óptimo, ayudando a mejorar la experiencia de los clientes, optimizar el entorno productivo y ayudar a la transformación cultural que debe acompañar a la transformación digital. Y, realmente, esto va a depender más del factor humano que de otra cosa. En definitiva de las actitudes y aptitudes de los usuarios y de la gestión del cambio de la organización. Y, por lo tanto, toda la organización debe verse envuelta en estos proyectos y, en especial, los departamentos de Recursos Humanos. Al final, no debemos olvidar, el objetivo es tomar decisiones que mejoren la productividad laboral gracias a la tecnología.

Primero la actitud, entendida como la disposición de ánimo manifestada ante el cambio. Para ello la organización debe establecer claros objetivos y expectativas sobre la transformación del puesto de trabajo, explicando las ventajas que tendrán los empleados, tanto tecnológicas como en lo referente a conciliación, teletrabajo, flexibilidad de horarios, etcétera. Si se consigue hacer de forma exitosa los empleados estarán proactivos, preparados para el cambio, expectantes e ilusionados, en definitiva, integrados en un proyecto de imposible éxito sin la implicación del personal de la organización.

En segundo plano, la capacidad para operar una determinada actividad, es decir, las aptitudes profesionales. Y volviendo donde empezamos: trabajamos como vivimos. Prácticamente, en las circunstancias actuales, podríamos considerar que las aptitudes profesionales requeridas para abordar un proyecto de transformación del puesto de trabajo son intrínsecas al individuo, independientemente de su generación:

En definitiva, la relación entre productividad laboral y tecnología es clara y, transformar el puesto de trabajo en la organización, considerado como uno de los componentes de la transformación digital, es sencillo y depende más de la gestión del cambio de la organización y de las actitudes de los usuarios que de las aptitudes de los mismos.

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